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Historia del cuidado femenino en latinoamérica

Historia del cuidado femenino en latinoamérica

¿Alguna vez te has preguntado cómo las mujeres vivían su menstruación en el pasado? 

Te voy a contar cómo era todo antes de la invención de los productos de higiene femeninos que actualmente conocemos, como lo son los tampones, toallas e incluso nuestra más querida copita. Hagamos un pequeño viaje en el tiempo, y déjame contarte una breve historia sobre la industria del cuidado femenino en el continente americano. 

Comenzamos en la década de 1870, cuando los primeros productos menstruales comenzaban a comercializarse. En aquel entonces, algunas mujeres llegaron a utilizar un cinturón de seda y elástico al cual se le ataba una toalla, pero este producto fue sacado casi inmediatamente del mercado debido a los prejuicios que se tenían hacia la menstruación en ese tiempo. 

Casi después del cinturón, a finales de la década, las toallas desechables de gasa y algodón, hicieron su primera aparición bajo la marca Lister. No duraron mucho, debido a que la marca fracasó y salieron del mercado en 1896. Hacia 1900, durante el comienzo de la Primera Guerra Mundial, las enfermeras notaron que la celulosa absorbía mucho más la sangre que las vendas de tela. No mucho tiempo después, en 1918, comenzaron a salir al mercado las primeras toallas higiénicas. Así fue como Kotex de celulosa fue comercializada con éxito para su consumo masivo.

La guerra también ayudó a darle un giro importante a las mujeres. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras los hombres eran enviados al campo de batalla, las mujeres comenzaron a obtener un lugar de trabajo en fábricas de producción. Debido a esto, los dueños no tuvieron más remedio que mejorar sus espacios sanitarios y fomentar el uso de productos femeninos para “endurecer” a las mujeres, con el fin de que continuarán trabajando durante su sangrado mensual.

En la década de los 30, Tampax lanzó al mercado los primeros tampones con aplicador de cartón. En un principio estuvieron dirigidos hacia las mujeres casadas puesto que se creía que quitaban la virginidad o causaban placer al momento de su inserción, por lo tanto era considerado algo tabú. En la década siguiente, 1940 los tampones comenzaron a comercializarse sin aplicador y comenzaban a ser los productos femeninos preferidos del mercado debido a que la mujer empezaba a insertarse cada vez más en el campo laboral. 

Luego, en la era del amor, la paz y rock and roll, los productos femeninos se inspiraron en los que se usaban  en décadas pasadas: las toallas de tela reusables como las de los 50’s,acompañarán a las mujeres en su periodo. Décadas después, evolucionaron convirtiéndose en desechables, y así nacieron las toallas extra largas o maxi pads con su moderna versión con alas y especial para diferentes flujos. Para los tampones, desafortunadamente su popularidad decreció en los años siguientes puesto que se reportaron más de 5000 casos de síndrome de choque tóxico (TSS) entre 1979 y 1996. Si bien no fueron completamente sacados del mercado, las marcas sí se vieron obligadas a modificar su producción para que se elaboraran con componentes más neutrales y menos nocivos a la salud. A finales de los 90's y principios de los 2000’s el tampón y las toallas desechables con alas eran las más utilizadas. 

A pesar de que las copas menstruales fueron inventadas originalmente en 1930, hoy vuelven hacer su aparición en el mercado. Cada vez son más populares y las mujeres han comenzado a preferirlas sobre las toallas y los tampones desechables, por ser una versión más natural, cómoda, higiénica y amigable para el medio ambiente. Sin embargo, en nuestro país, aún hay un largo camino por recorrer. Muchas niñas y adolescentes no tienen acceso a información precisa sobre prácticas de higiene menstrual y lo que necesitan para cuidar su cuerpo durante esta etapa, para vivirla de una manera sana y digna. Es por ello que aún nos quedan muchos prejuicios sobre la higiene menstrual que debemos de desmitificar. Desde aquí escribimos un poco para contribuir a que se conozca la copa menstrual, como una alternativa real para las mujeres que quieren cambiar la forma de vivir su menstruación.

Por: Diana Soria